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LA CASCADA DE BABEL: Historia, Letras, Libros

Con las entrañas revueltas: la Guerra Civil de Arturo Barea

Con las entrañas revueltas: la Guerra Civil de Arturo Barea

Arturo Barea (1897-1957) fue un periodista y escritor español cuyas   novelas más famosas (La forja, La ruta y La llama) conforman la trilogía genéricamente conocida como La forja de un rebelde. De sus otros escritos, sobre todo artículos periodísticos y cuentos cortos, poco se sabía en España, pues muchos de ellos sólo habían visto la luz en inglés, la lengua del país al que se exiliaría Barea en plena Guerra Civil hasta su muerte. El historiador Nigel Townson, uno de los mayores especialistas en la obra del escritor pacense, ha remediado este desconocimiento con una magnífica edición de sus Cuentos Completos, materializando así el incumplido deseo de Barea de verlos reunidos en un solo volumen antes de morir.

Como tantos otros de su generación, Barea es un hombre marcado por la Guerra Civil y obsesionado desde su exilio británico por no perder el contacto con sus raíces. Combatió del lado de los perdedores y esas dos constantes son el alma de su obra. Por su pluma, de estilo directo no exento de patética belleza, desfilan esos héroes anónimos que padecen todas las guerras. Nos transmite una guerra civil a ras del suelo de las gentes de a pie, muy alejada de las asépticas narraciones de los libros de texto. No hay batallas, no hay generales gloriosos ni detalladas tácticas militares: sólo hombres y mujeres atemorizados que sobreviven y mueren sin tiempo a saber por qué...

Reproduzco a continuación uno de los relatos que más me ha impresionado, intenso en su brevedad y en su crudeza, perteneciente a la serie VALOR Y MIEDO publicada originalmente por Publicaciones Antifascistas de Cataluña en 1938. Si no se os hace un nudo en la garganta, es que no sois humanos...  

En la sierra

     

Esto fue el primer otoño de la guerra.

    

 El muchacho -veinte años- era teniente; el padre, soldado, por no abandonar al hijo. En la sierra dieron al hijo un balazo y el padre le cogió a hombros. Le dieron un balazo de muerte. El padre ya no podía correr y se sentó con su carga al lado.

     -Me muero, padre, me muero.

     El padre le miró tranquilamente la herida mientras el enemigo se acercaba. Sacó la pistola y le mató.

     A la mañana siguiente, fue a la cabeza de una descubierta y recobró el cadáver de su hijo abandonado en mitad de las peñas. Lo condujo a la posición. Lo envolvieron en la bandera tricolor y le enterraron.

     Asistió el padre al entierro. Tenía la cabeza descubierta mientras tapaban al hijo con la tierra aterronada, dura de hielo.

     La cabeza era calva, brillante, con un cerquillo de pelos caos alrededor. Con la misma pistola hizo saltar la tapadera brillante de la calva.

     Quedó el cerquillo de pelo gris rodeando un agujero horrible de sangre y sesos.

     Le enterraron al lado del hijo.

     El frío de la sierra hacía llorar a los hombres.

 

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