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LA CASCADA DE BABEL: Historia, Letras, Libros

Library revolution o el poder de los lectores

Library revolution o el poder de los lectores

Stony Stratford es una apacible población mercantil a algo menos de cien kilómetros al noroeste de Londres,que está protagonizando una auténtica revolución pacífica en defensa de su biblioteca pública. Las autoridades locales se plantean cerrarla para reducir gastos públicos en tiempos de crisis, aduciendo que con la generalización de internet, la gente ya no necesita tanto el servicio de biblioteca. [Un argumento demoledor, que también valdría para aducir que como ya no morimos de caries infectadas como cuando éramos Neanderthales, podría desaparecer la extracción de piezas dentales del catálogo de prestaciones de la Seguridad Social]. El caso es que la ciudadana Emiliy Malleson lanzó a través de Facebook una iniciativa del Comité de Amigos de la Biblioteca para animar a los habitantes de Stony Stratford a retirar en préstamo los 16.000 volúmenes que alberga, para demostrar a las autoridades de la ciudad que sí es un servicio en uso. Entre el 12 y el 15 de este mismo mes de enero, los bibliotecarios prestaron unos 400 volúmenes por hora, hasta dejar las baldas con el aspecto con el que aparecen en la fotografía que acompaña este post: vacías.

El éxito de esta iniciativa demuestra dos cosas: que las bibliotecas son mucho más que un servicio y que una ciudadanía organizada en defensa de lo que cree justo es el arma que más temen los gobiernos. A día de hoy, la lectura pública es un derecho, y como tal debe ser visto. Una biblioteca pública ofrece mucho más que libros: ofrece cultura, esparcimiento, canales de integración social, apoyo a la educación formal y alfabetización digital mediante puestos de conexión gratuita. ¿Han pensando las ilustres cabezas locales de Stony Stratford en las personas que no pueden pagarse un portátil y una conexión a Internet en sus hogares? Pues por ahí hay que empezar, señores... Cuando la política pierde el norte, siempre hay ciudadanos con una buena brújula. Ejemplos como este no abundan. Pero reconfortan. ¡Vivan los lectores! ¡Y vivan las bibliotecas que construyen ciudadanías comprometidas!

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