Se muestran los artículos pertenecientes a Diciembre de 2007.
Balance de casi un mes

¿Una biblioteca de temas sociales en una tienda de Massimo Dutti?
Pues sí, este milagro existe en Allariz (Ourense-Galicia-España) y yo me encargo de hacer frente a todas las carencias que supone empezarlo de cero en un país poco acostumbrado al mecenzago social por parte de las grandes empresas.
Por ahora sólo es una iniciativa curiosa, pero en cuanto empecemos a hacer préstamo y a organizar actividades, la cosa se va a mover un poquito... En ello estamos...
Un buen comienzo: Por qué no soy cristiano, de Rusell

Bertrand Russell (1872-1970) escribió sobre una amplia gama de temas. Pacifista convencido, Premio Nobel de Literatura (1950) y filósofo de talla. Precisamente por llevar una vida consecuente con sus ideas, se le prohibió dar clase en la Universidad de NY. Era un auténtico avanzado en moral sexual (de hecho, presumía de conquistador y una de sus esposas tuvo incluso un hijo con otro hombre) y un crítico feroz de la postura del cristianismo en esta materia.
Por qué no soy cristiano reúne conferencias y ensayos de los años 1899-1948 en las que expone por qué el cristianismo y otras religiones reveladas han frenado el progreso de la humanidad. Lo que más me llama la atención es su crítica reiterada al rechazo de la Iglesia a la anticoncepción, permitiendo la proliferación de la sífilis a mujeres (vía contacto sexual) y niños (vía canal del parto). Sustituid la palabra sífilis por SIDA... ¿no os parece que el argumento sigue siendo igual de demoledor para este nuestro avanzadísimo siglo XXI?. Un libro básico y fundamental para cualquier ateo que se precie de serlo.
Para finalizar, una prerla del propio Russell al final de su vida
He vivido en busca de una visión, tanto personal como social. Personal: cuidar lo que es noble, lo que es bello, lo que es amable; permitir momentos de intuición para entregar sabiduría en los tiempos más mundanos. Social: ver en la imaginación la sociedad que debe ser creada, donde los individuos crecen libremente, y donde el odio y la codicia y la envidia mueren porque no hay nada que los sustente. Estas cosas, y el mundo, con todos sus horrores, me han dado fortaleza.
Reflexiones en mi octogésimo cumpleaños
Dos visitas inesperadas...

Aquí seguimos, esperando y desesperando por empezar a catalogar ya...
Menos mal que he tenido dos visitas a la biblioteca que me han animado un poco. Primero, un grupo de estudiantes de Educación Infantil del Campus de Ourense. Luego, un grupo de amigos a quienes convenció un alaricano enamorado de la iniciativa de la biblioteca. Estos últimos atendieron con devoción mis explicaciones y el alaricano quedó prendado de mi elocuencia... Es la segunda vez que viene y prometió venir más a menudo todavía. Ummm... me parece que a este le va la biblioteca casi tanto como la bibliotecaria![]()
III ENCUENTRO IBÉRICO: Salamanca, mayo 2008

III ENCUENTRO IBÉRICO DE DOCENTES E INVESTIGADORES EN INFORMACIÓN Y DOCUMENTACIÓN
FORMACIÓN, INVESTIGACIÓN Y MERCADO LABORAL EN INFORMACIÓN Y DOCUMENTACIÓN
EN ESPAÑA Y PORTUGAL Salamanca, 5-7 de mayo de 2008
Plazos:
Fecha límite para el envío de resúmenes de comunicaciones: 26 octubre 2007
Respuesta a los resúmenes: 30 noviembre 2007
Fin del plazo de recepción de comunicaciones aceptadas (texto completo):
18 enero 2008
Aceptación definitiva de las comunicaciones: 15 febrero 2008
Los resúmenes deberán enviarse a través del correo electrónico a la
dirección: edibcic2008@usal.es
Con las entrañas revueltas: la Guerra Civil de Arturo Barea

Arturo Barea (1897-1957) fue un periodista y escritor español cuyas novelas más famosas (La forja, La ruta y La llama) conforman la trilogía genéricamente conocida como La forja de un rebelde. De sus otros escritos, sobre todo artículos periodísticos y cuentos cortos, poco se sabía en España, pues muchos de ellos sólo habían visto la luz en inglés, la lengua del país al que se exiliaría Barea en plena Guerra Civil hasta su muerte. El historiador Nigel Townson, uno de los mayores especialistas en la obra del escritor pacense, ha remediado este desconocimiento con una magnífica edición de sus Cuentos Completos, materializando así el incumplido deseo de Barea de verlos reunidos en un solo volumen antes de morir.
Como tantos otros de su generación, Barea es un hombre marcado por la Guerra Civil y obsesionado desde su exilio británico por no perder el contacto con sus raíces. Combatió del lado de los perdedores y esas dos constantes son el alma de su obra. Por su pluma, de estilo directo no exento de patética belleza, desfilan esos héroes anónimos que padecen todas las guerras. Nos transmite una guerra civil a ras del suelo de las gentes de a pie, muy alejada de las asépticas narraciones de los libros de texto. No hay batallas, no hay generales gloriosos ni detalladas tácticas militares: sólo hombres y mujeres atemorizados que sobreviven y mueren sin tiempo a saber por qué...
Reproduzco a continuación uno de los relatos que más me ha impresionado, intenso en su brevedad y en su crudeza, perteneciente a la serie VALOR Y MIEDO publicada originalmente por Publicaciones Antifascistas de Cataluña en 1938. Si no se os hace un nudo en la garganta, es que no sois humanos...
Esto fue el primer otoño de la guerra.
El muchacho -veinte años- era teniente; el padre, soldado, por no abandonar al hijo. En la sierra dieron al hijo un balazo y el padre le cogió a hombros. Le dieron un balazo de muerte. El padre ya no podía correr y se sentó con su carga al lado.
-Me muero, padre, me muero.
El padre le miró tranquilamente la herida mientras el enemigo se acercaba. Sacó la pistola y le mató.
A la mañana siguiente, fue a la cabeza de una descubierta y recobró el cadáver de su hijo abandonado en mitad de las peñas. Lo condujo a la posición. Lo envolvieron en la bandera tricolor y le enterraron.
Asistió el padre al entierro. Tenía la cabeza descubierta mientras tapaban al hijo con la tierra aterronada, dura de hielo.
La cabeza era calva, brillante, con un cerquillo de pelos caos alrededor. Con la misma pistola hizo saltar la tapadera brillante de la calva.
Quedó el cerquillo de pelo gris rodeando un agujero horrible de sangre y sesos.
Le enterraron al lado del hijo.
El frío de la sierra hacía llorar a los hombres.


